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    Eladio Carrión: “Prefiero quedarme viendo Netflix con mi perrito que estar en una discoteca”



    El artista puertorriqueño se ha consolidado como uno de los grandes exponentes del trap a nivel mundial y se ha negado a ceder a los ritmos más comerciales para mantenerse fiel a sus seguidores

    Eladio Carrión (Kansas City, 26 años) es todo lo contrario al estereotipo de rapero de éxito que mueve masas. Cuando se incorpora para saludar antes del comienzo de la entrevista, su altura y su aspecto intimidan. Por fuera es todo ropa de marca, cadenas de oro y tatuajes. Pero su suave tono de voz y su marcado acento puertorriqueño endulzan toda la estancia en cuanto empieza a hablar de lo mucho que le gusta Madrid y la ilusión que le hace visitar la capital por primera vez. Por dentro, como dice en una de sus canciones más recientes y aclamadas, es pura paz mental.

    Ni la fiesta, ni el jaleo, ni la extravagancia. “Yo lo que quiero es estar tranquilito. Prefiero quedarme en casa viendo Netflix con mi perrito que estar en una discoteca”, confiesa, mientras se acomoda en su sillón. El puertorriqueño (que nació en Kansas, pero se crio en la isla), fue nominado en 2020 a los Grammy Latinos por Kemba Walker, su colaboración con Bad Bunny, y este año su álbum Monarca se encuentra entre los aspirantes a ganar el premio a mejor álbum de música urbana. Así, se ha convertido en todo a lo que hay que aspirar en el mundo del trap. Ha cantado junto a algunos de los artistas más escuchados del momento como J Balvin, Rauw Alejandro o Bizarrap, y ha lanzado tres álbumes de estudio en los que se ha abierto en canal sin tapujos. “Mis amigos se enteran de lo que pasa en mi vida por mis canciones”, cuenta el trapero entre risas.

    Se define como “casero”, pero su trayectoria dista mucho de ser aburrida. El entrevistado ha vivido en lugares como Kansas, Alaska o Hawái. Profesionalmente, fue primero deportista de élite, después estudiante de Biología y, por último, influencer. Antes de aterrizar en el mundo de la música, Carrión cuenta que estuvo cualificado para ir a los Juegos Olímpicos por sus habilidades como nadador. “De niño era muy hiperactivo así que el deporte me ayudó. Jugué a fútbol, baloncesto, de todo. Pero me enamoré de la natación porque era un deporte individual y no dependía de nadie para ganar mi éxito”, confiesa. El deporte marcó sus bases como persona y le ayudó a estar donde se encuentra ahora. “Disciplina, persistencia, ponerte metas y entender que todo es posible. Todas esas cosas son muy importantes”, explica el puertorriqueño, que terminó dejando el deporte profesional por el poco salario que recibía. Seguir con sus estudios tampoco entraba en sus planes. “No podía esperar a graduarme para crear mi imperio”, dice mientras hace aspavientos con las manos, “estaba modo… ¡vamos a darle!”. No descarta volver a las clases en el futuro, pero todos sus planes se dirigen ahora a un mismo punto: dejar huella.

    Después del deporte, llegó Vine. Una plataforma equivalente al actual TikTok en la que Carrión se hizo famoso por sus divertidas parodias a otros cantantes y sus vídeos de humor. “El que me conoce sabe que soy un charlatán, me gusta vacilar con la gente y hacerlos reír”, asegura con una sonrisa. Lejos de lo que pueda pensar mucha gente, el puertorriqueño cuenta que aprendió mucho de su breve paso por las redes sociales. “Me enseñó sobre el control del público, lo que les gusta y lo que no”, afirma. Cuenta que era una tarea difícil y que, aunque se consolidó como uno de los mejores en lo suyo, hacer vídeos no le llenaba por completo. Una parodia de la canción Work de Drake y Rihanna le hizo saltar a la música. “La gente me decía: ‘Guau, esa parodia se escucha bien”. Este fue el detonante que le hizo plantearse un cambio en su recorrido.



    Desde 2017 su vida gira en torno al trap, aunque sus influencias estuvieron ahí desde muy pequeño. En su niñez, sus mayores ídolos fueron grandes raperos como Eminem o Tupac. “Mis hermanas son mayores que yo y me enseñaban la música de su generación. Así que yo escuchaba lo suyo, y lo mío”. Lo que le llena es el estilo más urbano y, aunque le gusta el reguetón, se niega a ceder a lo comercial. “Mis dos últimos discos son puro freestyle. No mucha gente hace eso simplemente por miedo a tener menos visitas. Pero yo creo que quedarme en mi esquina en la música también me dio esa esquina”, asegura, definiendo esa arista como muy suya. “Hay gente nueva ahora que está haciendo lo mismo que yo. Eso me da mucha alegría porque significa que, aunque no somos comerciales, inspiramos a la gente”, cuenta con un brillo de emoción en los ojos.

    Con casi dos millones de seguidores en YouTube, el sonido de Carrión llega a cada rincón del mundo. Sus temas se han posicionado en las principales listas musicales y ha roto récords de otros artistas en plataformas como Spotify. Su ansiado imperio solo acaba de empezar, pero tiene claro que le queda mucho por hacer. Entre esos planes se encuentran actuar en una película, levantar una comunidad de eSports en Puerto Rico y viajar por todo el mundo solo junto a su perro Kemba, que una vez le robaron durante su estancia en Los Ángeles. “Puse carteles por todas las calles e hicimos un grupo de gente para buscarlo. Pasé la peor semana de mi vida hasta que le recuperé”, cuenta con el corazón encogido. “Estuve con él toda la cuarentena. Yo estaba en Colombia, me cerraron los aeropuertos y no podía ver a mi familia”, relata. Carrión asegura que “se enamora de él todos los días”. Tanto que, durante su visita a España, lo inmortalizó con un tatuaje en la pierna.

    Su paso por la península no viene acompañado de un concierto esta vez, pero sí de ilusión por conocer a otros músicos españoles con los que colaborar. El rapero Morad o Delarue son algunos de los que ha visto en su paso por el país, y de los más admirados por el puertorriqueño: “Si tú ves mi lista de canciones más escuchadas, son todas de artistas españoles”. Asevera con su fuerte y personal acento que el trap en España “está muy duro”, y que es el movimiento que más consume. Además, tampoco descarta mezclar su estilo con el flamenco si se diera la ocasión.

    Antes del final de la entrevista, no duda en cambiar roles y ser él quien pregunte a la entrevistadora. Recalca su ilusión por volver pronto a Madrid, una ciudad que le recuerda a Nueva York, “pero más pequeña, y más linda”. No sabe cuándo se repetirá esta visita, pero sí tiene claro que antes tiene muchos otros lugares que conocer. “Y con mi perrito. Me lo llevaré a todos lados”, asegura antes de levantarse para pedir el desayuno.

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